¿Sabías que los bebés pueden amar la música tanto como nosotros?

Y es que con razón el oído es el primero de los sentidos de nuestro bebé en desarrollarse, impulsado por la necesidad de escuchar de cerca los latidos del corazón de su madre y de sentir su protección. A partir de la semana número 16 del embarazo, el bebé comienza a percibir los sonidos externos al vientre de su madre, y es 4 semanas después cuando incluso se anima a responder a ellos. Una muestra más de que el ser humano necesita comunicarse. Y… si la naturaleza, en su gran sabiduría, nos otorga una primera vía de comunicación con nuestro bebé por medio de los sonidos, ¿por qué no aprovecharla?

De la misma forma que los adultos recurrimos a la música cuando queremos relajarnos, distraernos del ajetreo diario o simplemente disfrutar de las notas de nuestras canciones favoritas, los bebés sienten los acordes de un modo especial y experimentan las mismas sensaciones y emociones que experimentan sus madres al escucharlos. Si una canción te hace sentir feliz, tu bebé se sentirá feliz contigo; y si te relajas al escuchar cierta melodía, tu bebé se relajara también.

Este paralelismo de emociones puede ser muy beneficioso en determinadas situaciones en las que queremos que nuestro bebé se sienta tranquilo o relajado, o cuando por el contrario, necesitamos estimular su comportamiento y que realice una mayor actividad. Así, los expertos recomiendan que los bebés escuchen música clásica al comienzo del día, para una activación progresiva de su estado de ánimo, y especialmente, al llegar la noche, con el fin de hacer más placentero el sueño y promover la relajación. La música más movida y enérgica la dejaremos para el resto del día, y en concreto, para aquellos momentos en los que el bebé deba sentirse más activo, pudiendo experimentar otros ritmos más fuertes.

En este sentido, es posible que muchos de vosotros hayáis oído hablar del Efecto Mozart, el asombroso impacto positivo que las obras del compositor clásico tienen sobre los bebés cuando éstos escuchan alguna de sus piezas durante el embarazo. Son muchos los psicólogos y científicos que han estudiado tales beneficios musicales, de entre los que habitualmente destacan un crecimiento del rendimiento intelectual del bebé, una mejora de la coordinación motora, el aumento de la frecuencia cardíaca, así como la estimulación de diferentes áreas cerebrales que contribuyen a un mejor desarrollo del feto.

En cualquier caso, no podemos olvidar que al margen de los efectos saludables que la música pueda tener o no sobre el bebé en desarrollo, lo importante es la vinculación emocional que esta disciplina puede generar e impulsar entre una madre y el pequeño que está creciendo en su interior. Se trata de crear situaciones especiales en las que madre e hijo conecten, compartan sensaciones, disfruten juntos escuchando música y experimenten un momento único y agradable que seguro en el futuro recordarán. Ya lo decía el famoso pianista y compositor Franz Liszt; “la música es el corazón de la vida”. Qué mejor manera de unir dos corazones que escuchando una misma canción.

Música durante el embarazo - Libélula Handmade